Qué hacer después del 9D

14 de diciembre de 2018

Después del 9D necesariamente se abre un espacio a la reflexión. Muchos celebran como un éxito la elevada abstención, que se acerca al 80%. Celebran los opositores que desde hace tiempo propugnan la política de la no participación electoral, y tienen razones válidas para hacer ese llamado y celebrar. Celebran los integrantes del Frente Amplio, que se han acogido a esa estrategia, suponemos que temporalmente, por no existir condiciones –alegan– para unas elecciones libres. Los que no celebran son obviamente los sectores opositores que decidieron concurrir al proceso, presentando sus candidatos, y que no se vieron favorecidos, ni con el voto, ni con la disminuida asistencia al proceso; y desde luego, tampoco tienen mucho que celebrar los movimientos vecinales que ven amenazadas sus alcaldías, por no contar con funcionarios municipales que apoyen a sus alcaldes.

Pero, ¿Hay realmente motivos para celebrar? Aun descontando la abstención tradicional en procesos electorales, que ronda el 30% desde hace 20 años; y descontando la participación de los que se han ido del país, que es también un número considerable, no cabe duda que la alta abstención del pasado domingo envío un mensaje, fuerte, sonoro, contundente, de rechazo al régimen; y eso debe celebrarse. Pero una vez que pase la celebración, comencemos con las preguntas imprudentes, siendo la básica y principal: ¿Y ahora qué sigue, que vamos a hacer? Sobre eso es que es necesario reflexionar.

No hay forma de discriminar a quiénes, de los que llamaron a abstenerse, obedeció el venezolano; pero lo que es cierto es que pareciera que se rompió un delicado cristal: el venezolano parece haber perdido la confianza en el voto, como mecanismo para dirimir las controversias democráticas, y ese es un mensaje muy negativo. Ese ciudadano que se inhibió de votar el 9D será muy difícil que regrese a las urnas, a menos que reciba de sus dirigentes –partidos y organizaciones de la sociedad civil– un claro mensaje de unidad y que vea un esfuerzo importante de organización. Unidad y organización, dos palabras, dos tareas ineludibles.

Se nos vienen encima dos importantes jornadas políticas; una, es la juramentación del ilegitimo presidente electo en los falsos comicios del 20M, comicios que como país desconocimos al igual que una importante y significativa  porción de la comunidad internacional; y dos, una eventual consulta electoral sobre una “nueva” constitución, que probablemente presentará la igualmente ilegitima Asamblea Nacional Constituyente. ¿Cómo nos presentaremos ante ambos procesos? ¿Nuevamente divididos en pedazos? ¿O estaremos en condiciones de brindar a los venezolanos y el mundo una estrategia única y coherente? Son preguntas acuciantes, que llaman a la reflexión y que no admiten demora.

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